¿Por qué cuidar los dientes de leche si se van a caer?
Es la duda más habitual, y la respuesta es clara: los dientes de leche hacen mucho más de lo que parece. Con ellos el niño mastica, habla y aprende a pronunciar, y además guardan el sitio de los dientes definitivos que vienen por debajo. Si uno se pica o se pierde pronto, todo ese equilibrio se resiente, y el problema no desaparece al caer la pieza.
Una caries en un diente de leche también duele y puede infectarse, igual que en un adulto. Por eso no esperamos a que la muela se caiga sola: la tratamos para que el niño no pase un mal rato y para proteger el diente permanente, que madura justo debajo. Cuidar la dentición de leche es, en el fondo, cuidar la sonrisa adulta que viene después.
¿Cómo ayudo a mi hijo a no tener miedo al dentista?
El miedo casi siempre viene de lo desconocido, así que lo mejor es que la primera visita llegue pronto y sin dolor de por medio. En casa ayuda hablar del dentista con naturalidad, sin usarlo como amenaza y sin adelantar palabras como pincho o daño. Cuanto más normal lo veas tú, más tranquilo vendrá él.
En la consulta vamos a su ritmo. Le enseñamos los instrumentos, le explicamos cada paso con palabras que entiende y no forzamos nada el primer día si no hace falta. La Dra. Aleyda Alfaro trabaja con calma, porque un niño que se va contento vuelve sin problema. Esa confianza, construida pronto, es la que evita que de mayor esquive al dentista.
¿Cada cuánto hay que revisar la boca de un niño?
Como norma, una revisión al año es suficiente desde que salen los primeros dientes, parecido al calendario de un adulto sano. En esa visita comprobamos que todo crece bien, aplicamos flúor si procede y detectamos a tiempo cualquier caries pequeña, cuando aún es fácil de tratar. Si vemos algo que vigilar de cerca, te citamos antes.
El recambio de dientes, cuando los de leche dejan paso a los definitivos, es una etapa clave que seguimos de cerca. A veces un diente definitivo asoma detrás del de leche, o una muela tarda en caer, y conviene revisarlo. Con la ortopantomografía vemos cómo vienen todas las piezas dentro del hueso y nos adelantamos a cualquier problema de espacio.